
Desde la antigüedad son de sobra conocidos los beneficios de seguir una dieta mediterránea equilibrada a ser posible acompañada de ejercicio regular moderado.Pronunciado desde tiempos inmemorables por el gran Hipócrates: “que tu alimento sea tu mejor medicina”, probablemente la mejor forma de combatir estas temibles enfermedades asociadas a la edad sin recurrir o depender exclusivamente de los fármacos convencionales, es la medicina preventiva basada en la dieta. Para ello es recomendable seguir una conducta alimenticia saludable, fundamentada en los productos que nos brindan tierra y mar a uno y otro lado del Mare Nostrum. Nos estamos refiriendo a la famosa dieta mediterránea, piedra angular de la gastronomía española, la cual apuesta por un consumo más pronunciado de verduras, frutas, aceites poli y monoinsaturados (aceitunas y pescados), así como ingerir vino de forma moderada, y la reducción del aporte de grasas saturadas y carnes rojas. 
Así pues, existen multitud de guías y estudios científicos observacionales (únicamente siguiendo a sujetos de forma retro/prospectiva sin intervenir en su conducta) en los que se advierten las cualidades de este patrón alimenticio como base de la prevención de las fulminantes enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, recientemente se ha publicado un estudio en el que se demuestra que actuando sobre la conducta alimentaria de un sujeto, fomentando los hábitos alimentarios de una dieta mediterránea e incluyendo grasas poli y monoinsaturadas en nutrición diaria, es posible aumentar la longevidad y reducir la probabilidad de sufrir alguna de las enfermedades cardiovasculares asociadas a la edad como son el infarto cerebral (ictus) o el de miocardio.
Según este estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores españoles del Instituto de Salud Carlos III (Dr. Estruch y colaboradores), publicado en la revista New England Journal of Medicine, el seguimiento de una dieta mediterránea que incluya aceite de oliva virgen o frutos secos, podría reducir el riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares como el infarto de miocardio o el ictus, en aproximadamente un 30%. Para la confección de este ensayo multicéntrico, se asignaron de forma aleatorizada un total 7447 participantes, con edades comprendidas entre 55-88 años y con factores de riesgo cardiovascular (diabetes tipo 2, hipertensión, tabaquismo, elevada [colesterol LDL] ) en 3 grupos de la siguiente forma:
El grupo A debía seguir unas recomendaciones dietéticas en base a una dieta mediterránea equilibrada (mayor ingestión de verduras, frutas , consumo de vino moderado,etc) con un aporte adicional de aceite oliva virgen extra(1L/semana); el grupo B siguió recomendaciones dietéticas al igual que A pero sustituyendo el consumo de aceite de oliva por un combinado de frutos secos sin sal (30g/día); mientras que el grupo C (grupo control) no cumplía los patrones alimentarios mediterráneos pero en cambio siguió una dieta reducida en grasas. Como objetivos primarios a identificar se estableció la aparición de infarto de miocardio, de ictus o la muerte por otras causas cardiovasculares.
La duración del estudio fue de 4,8 años ,al final de los cuales se observó que en aquellos grupos que habían seguido un patrón alimentario en base a una dieta mediterránea (A y B) se redujo el número de accidentes cardiovasculares en un 30% (riesgo relativo para A y B de 0,70 con un I.C 95% y un p=0,015 respecto al g. control) , siendo 96, 83 y 109 para los grupos A,B y C respectivamente.

Gráfico de accidentes cardiovasculares registrados, publicado en el artículo original
LECTURA CRÍTICA.
Echando mano del artículo y atendiendo exhaustivamente a los datos del estudio, uno puede observar que efectivamente los grupos A y B reducen su riesgo relativo de padecer una enfermedad cardiovascular, frente al grupo control , sin encontrar diferencias significativas entre ellos en el grado de actividad física. No obstante, cabe destacar que la enfermedad que más se redujo fue el ictus o infarto cerebral, debido principalmente a que a los 3 meses de iniciado el estudio, los participantes de los grupos A y B, redujeron su presión arterial, factor de riesgo principal en la aparición de infarto cerebral. Este hecho ha sido constatado en otros estudios donde se observa que el aceite de oliven virgen extra reduce la presión arterial. Cabe preguntarse entonces ¿ es más importante incluir en la dieta cantidades generosas de aceite de oliva, o tomar otras medidas más significativas para reducir la presión arterial como disminuir el consumo de sal o la toma de diuréticos?. Por otra parte, es incuestionable el papel de los acidos grasos poli y monoinsaturados en la prevención de la enfermedad cardiovascular tal y como demuestra el estudio pero: ¿se darían estos beneficios incluyendo aceite de oliva o frutos secos en otras dietas distintas a la mediterránea (veáse por ejemplo la francesa, o la de paises anglosajones) en las que hay un mayor consumo de grasas saturadas ?.
Del mismo modo, no debemos olvidar que el aceite de oliva tiene efectos beneficiosos pero debido a su naturaleza grasa, indudablemente conlleva la ganancia de peso, el aumento de colesterol sanguíneo y los triglicéridos. Dato importante en aquellas dietas donde se hace necesario una reducción de peso ya sea con fines estéticos o bien con fines terapéuticos (dolores articulares, disfunción respiratoria,etc). No obstante, en este punto probablemente muchos lectores podrían preguntarse: ¿ y desde cuándo he de empezar a seguir estas recomendaciones dietéticas para gozar de sus efectos beneficiosos? , ¿ y si he llevado una vida de riesgo, plena de excesos (en términos nutricionales, claro) ? .
Bueno, la medicina no es una ciencia exacta, trabaja con la probabilidad y esta con el azar. Reducir las probabilidades es tener “menos papeletas” para el “sorteo” de padecer una enfermedad potencialmente mortal, por lo que esto debería ser suficiente motivo para comenzar con una actitud dietética saludable cuanto antes. En este punto es necesario destacar la importante y nada despreciable susceptibilidad genética a las enfermedades cardiovasculares que varía de un individuo a otro. Mi consejo y lo más sensato es prevenir en la medida de lo posible, tomar las medidas necesarias a tiempo y afrontar con fortaleza lo que venga, teniendo la certeza de haber hecho lo correcto. Después de leer este artículo ya sabemos que sólo incluyendo aceite de oliva virgen a la dieta y frutos secos tenemos un 30% de posibilidad menos de padecer un infarto.
Finalmente y a título personal, pese a que me posiciono a favor del seguimiento de una dieta equilibrada al estilo meditarráneo frente a otras alternativas, y sin olvidar el ejercicio físico regular, opino que son necesarios estudios futuros en los que se demuestre si los efectos beneficiosos mencionados dependen en exclusiva de los aceites poli/monoinsaturados, independientemente del resto de alimentos ingeridos diariamente, así como si estos efectos se dan también a dosis bajas, lo que implicaría gozar de protección cardiovascular sin el riesgo de padecer ese enemigo atroz para la totalidad de nuestro organismo llamado sobrepeso. Y por qué no, como médico en potencia, ¿ de qué manera contribuyen y qué papel decisivo podrían jugar los fármacos en este aspecto?, ¿ En que casos se podrá prescindir de ellos a favor de unos hábitos nutricionales estrictos basados en la dieta mediterránea sostenidos en el tiempo?
Mientras tanto y sin ánimo de hacer publicidad a nadie, una buena opción para empezar a mejorar nuestra salud cardiovascular desde ya mismo sería sustituir el bocadillo de chorizo del almuerzo por un puñado de frutos secos. Si esto nos fuese desafortunadamente imposible, por lo menos que no falte un chorro generoso de aceite de oliva.
Referencia la artículo científico revisado:
Ramón Estruch, M.D., Ph.D., Emilio Ros, M.D., Ph.D., Jordi Salas-Salvadó, M.D., Ph.D.,Maria-Isabel Covas, D.Pharm et al.Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet. N Engl J Med 2013; 368:1279-90.